ESG: la Nueva Lógica del Crecimiento y la Gobernanza Empresarial
- Melissa María Valdez García
- hace 6 horas
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Introducción
El desarrollo sostenible, definido por la Comisión Brundtland de las Naciones Unidas, como la capacidad de satisfacer las necesidades del presente sin comprometer las de las futuras generaciones[1], constituye un marco conceptual de alcance global que articula dimensiones económicas, sociales y ambientales. La agenda del desarrollo sostenible fue posteriormente concretada a través de los diecisiete (17) Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), adoptados por la comunidad internacional como un marco común para abordar los principales desafíos económicos, sociales y ambientales a nivel global[2]. Fueron adoptados por las Naciones Unidas en el año 2015 como un llamamiento universal para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que para el 2030 todas las personas disfruten de paz y prosperidad, se consideran los pilares del marco de trabajo de la sostenibilidad[3]. Estos objetivos no solo establecen prioridades, sino que también configuran un lenguaje compartido que ha permeado progresivamente en el ámbito empresarial, impulsando la adopción de modelos de sostenibilidad alineados con dichos retos[4].
La materialización efectiva del desarrollo sostenible no puede limitarse sólo al ámbito de las políticas públicas o los organismos internacionales. En este contexto, nace la sostenibilidad corporativa como la respuesta del sector empresarial a este imperativo, al traducir dichos principios en modelos de gestión, decisiones estratégicas y prácticas operativas orientadas a la creación de valor sostenible. Actualmente existe consenso en que la sostenibilidad corporativa se articula en torno a los siguientes elementos: (i) la creación de valor a largo plazo para todos los stakeholders, más allá de un modelo basado exclusivamente en la creación de valor solo para los accionistas; (ii) la necesidad de hacer converger, y entonces equilibrar, las necesidades de la actual generación con las de las futuras generaciones; (iii) la gestión eficiente y efectiva de los riesgos, las oportunidades y los impactos asociados en los ámbitos económicos, sociales y ambientales; y, (iv) la construcción de un modelo de gobernanza transparente y capaz de generar confianza en los mercados[5].
Sostenibilidad Corporativa
La sostenibilidad corporativa se presenta como una estrategia que busca integrar las prácticas de gestión con el crecimiento económico, la responsabilidad social y la protección del medio ambiente[6]; no nació como un componente estratégico: en sus primeras etapas, su enfoque estaba centrado exclusivamente en la maximización de beneficios, donde la empresa existía primordialmente para generar valor a corto plazo para sus accionistas[7]. Con el tiempo, este enfoque dio paso a la incorporación de la filantropía en el ámbito corporativo, caracterizada por donaciones pasivas —en muchos casos anónimas— a organizaciones benéficas, generalmente en respuesta a solicitudes puntuales. La evolución de este modelo condujo a una etapa más estructurada: los asuntos comunitarios, en la que las contribuciones comienzan a alinearse con los intereses del negocio y surgen prácticas como el “marketing con causa”. Posteriormente, emerge la inversión comunitaria corporativa, basada en alianzas estratégicas impulsadas por la empresa para abordar, de manera más proactiva y sostenida, los impactos derivados de su operación[8]. Finalmente, este proceso evolutivo culmina en el concepto de negocio sostenible, en el que la sostenibilidad deja de ser una práctica periférica y se integra de forma transversal en las funciones, objetivos y la estrategia empresarial[9].
Desde el punto de vista local, el estudio “Sostenibilidad Corporativa en la República Dominicana 2025”, constituye la primera radiografía nacional del estado de la sostenibilidad empresarial en el país, basada en el análisis de 53 grandes empresas de 14 sectores económicos. El informe evidencia que la sostenibilidad corporativa se encuentra en una fase de consolidación, con avances significativos, pero aún heterogéneos entre sectores y empresas. En materia ambiental, una mayoría relevante de empresas ha adoptado políticas formales (74%) y sistemas de gestión (62%), destacándose iniciativas en eficiencia energética, reducción de emisiones y uso de energías renovables. En el ámbito de gobernanza, el 83 % de los consejos de administración refleja una creciente integración a nivel estratégico[10]. Sin embargo, persisten brechas en diversidad, independencia y profesionalización de los órganos de dirección. A pesar de estos avances, el informe identifica desafíos relevantes: (i) 36 % de las empresas no cuenta con una estrategia formal de sostenibilidad; (ii) cerca del 30 % carece de estructuras organizativas especializadas; y, (iii) existe una brecha entre el interés en los criterios ESG (environment, social and governance, en lo adelante, “ESG”) y su integración efectiva en la estrategia empresarial[11].
ESG
En el año 1994, John Elkington —reconocido consultor británico en gestión y sostenibilidad— acuñó el término “triple bottom line” (“TBL”) como una forma de medir el desempeño empresarial. Consiste en que una empresa puede ser gestionada de manera que no solo genere beneficios financieros, sino que también contribuya a mejorar la calidad de vida de las personas y el estado del planeta[12]. El TBL marcó un punto de inflexión al ampliar la noción de desempeño empresarial más allá del beneficio económico, incorporando dimensiones sociales y ambientales. Sin embargo, su carácter principalmente conceptual dio paso, en una etapa posterior, a marcos más sofisticados que permiten traducir estos principios en métricas, indicadores y herramientas concretas para la gestión, el control y la toma de decisiones empresariales.
A medida que la sostenibilidad corporativa se consolida como un componente estratégico del negocio, surge la necesidad de dotarla de mayor estructura, comparabilidad y capacidad de medición. En este contexto, nace ESG, como un marco que permite operacionalizar la sostenibilidad, traduciéndola en indicadores, métricas y herramientas concretas para la toma de decisiones, la gestión de riesgos y la evaluación del desempeño empresarial[13]; permite a las empresas evaluar y gestionar su impacto ambiental, social y de gobernanza, así como los riesgos y oportunidades no financieros asociados a sus actividades[14].
¿Por qué ESG vino para quedarse? Nuestro mundo enfrenta una serie de desafíos globales: el cambio climático, la transición de una economía lineal a una economía circular, el aumento de la desigualdad y la necesidad de equilibrar las demandas económicas con las sociales. En este contexto, inversionistas, reguladores, así como consumidores y empleados, exigen cada vez más que las empresas no solo sean buenas administradoras del capital financiero, sino también del capital natural y social, y que cuenten con los marcos de gobernanza necesarios para respaldar esta gestión[15]. Asimismo, un número creciente de inversionistas está incorporando criterios ESG en sus procesos de toma de decisiones de inversión, lo que hace que estos factores sean cada vez más relevantes desde la perspectiva de acceso y aseguramiento de capital, tanto en deuda como en capital accionario.
El enfoque ESG se ha consolidado como un caso de negocio al demostrar su capacidad para generar valor sostenible en el largo plazo[16]. Lejos de ser únicamente un marco de cumplimiento o reputacional, ESG permite a las empresas crear valor para todos sus stakeholders, integrando consideraciones ambientales, sociales y de gobernanza en la estrategia empresarial.
En este contexto, la adopción de criterios ESG contribuye a:
Minimizar riesgos, al anticipar y gestionar factores no financieros como riesgos climáticos, regulatorios y reputacionales.
Fortalecer la confianza de inversionistas, clientes y otros actores, mediante una mayor transparencia y rendición de cuentas.
Obtener reconocimiento social, al alinear las operaciones empresariales con expectativas sociales y estándares globales.
Asegurar la “licencia social y ambiental para operar”, entendida como la aceptación y legitimidad de la empresa frente a la sociedad y las comunidades en las que opera.
Abrir nuevas oportunidades de mercado, particularmente en sectores vinculados a la transición energética, economía circular e innovación sostenible.
Impulsar la innovación, mediante la integración de criterios ESG en el diseño de productos, servicios y procesos.
Fomentar el crecimiento a largo plazo, al mejorar la resiliencia empresarial y la capacidad de adaptación a cambios regulatorios, tecnológicos y sociales.
Igualmente, pueden señalarse otros beneficios de su adopción:
Mayor valor de marca y reputación corporativa.
Mejor percepción por parte de inversionistas.
Acceso a calificaciones ESG (ratings) que influyen en decisiones de inversión.
Mayor reconocimiento y legitimidad social.
Mejora en la gestión de riesgos y crisis.
Incremento en la satisfacción y compromiso de los empleados.
Relaciones más sólidas con gobiernos, reguladores y comunidades.
En conjunto, estos elementos reflejan que ESG no solo mitiga riesgos, sino que actúa como motor de creación de valor sostenible, consolidando un modelo empresarial orientado a la competitividad y la permanencia en el tiempo.
Como ya reconocen destacadas figuras del empresariado dominicano, de manera pública y abierta: los criterios ESG han dejado de ser percibidos como elementos reputacionales o concesiones ideológicas. En la actualidad, constituyen verdaderos instrumentos de gestión que inciden directamente en el crecimiento, la rentabilidad, el acceso a capital, la continuidad operativa y la generación de valor intangible en las empresas[17]. Sin embargo, la evidencia empírica en la República Dominicana confirma una tendencia observada a nivel global: la existencia de una brecha entre la adopción declarativa de criterios ESG y su integración efectiva en la estrategia, la gobernanza y la operación empresarial[18].
Las consideraciones ESG se han vuelto cada vez más importantes para la toma de decisiones de inversión. Sin embargo, los inversionistas suelen señalar que la disponibilidad y la calidad de la información ESG divulgada por las empresas son insuficientes para permitir decisiones de inversión plenamente informadas. En respuesta a la brecha entre la demanda de información ESG por parte de los inversionistas y la oferta de dicha información por parte de las empresas, varios países han iniciado regulaciones de divulgación obligatoria en materia ESG, con el fin de exigir a las empresas la divulgación de información de alta calidad sobre cuestiones ESG, ya sea conjuntamente con los reportes financieros tradicionales o en informes independientes especializados. Además de estas iniciativas a nivel país, existen esfuerzos significativos a nivel global para diseñar, armonizar y eventualmente imponer estándares internacionales de divulgación ESG[19]. Se han identificado 35 países que introdujeron mandatos de divulgación ESG durante el período analizado entre 2002 y 2020, incluyendo Australia (2003), China (2008), Sudáfrica (2010) y el Reino Unido (2013)[20]. Veintidós países implementaron mandatos integrales de divulgación ESG de manera simultánea, mientras que los 13 restantes introdujeron la divulgación de los componentes ambiental, social y de gobernanza de forma progresiva[21]. En América Latina, la regulación ESG obligatoria se encuentra en una fase de consolidación, con países como Brasil, Chile y Colombia liderando la adopción de marcos de divulgación obligatoria, mientras que otras jurisdicciones avanzan mediante esquemas parciales o sectoriales. Es sólo cuestión de tiempo para que países emergentes latinoamericanos como la República Dominicana, se sumen a este listado.
Conclusión
En este contexto, el ESG ha dejado de ser un marco de referencia voluntario para consolidarse como un elemento estructural en la gestión empresarial y en el funcionamiento de los mercados de capital. La creciente exigencia regulatoria, junto con la demanda de mayor transparencia por parte de inversionistas y otros grupos de interés, ha elevado estos criterios a la categoría de estándar operativo en materia de divulgación y toma de decisiones.
Sin embargo, el principal reto ya no radica en la adopción formal de políticas ESG, sino en su incorporación efectiva dentro de la estrategia corporativa, los órganos de gobernanza y los procesos clave del negocio. A medida que los marcos normativos avanzan hacia esquemas más homogéneos y exigentes, las organizaciones que logren integrar estos criterios de forma transversal estarán en mejor posición para anticipar riesgos, acceder a fuentes de financiamiento y sostener ventajas competitivas en el tiempo.
En última instancia, ESG no solo amplía la noción de desempeño empresarial, sino que redefine el rol de la empresa en la economía, posicionándola como un actor clave en la generación de valor sostenible y en la respuesta a los desafíos estructurales del entorno global.
Bibliografía
[1] Naciones Unidas. Report of the World Commission on Environment and Development: Our Common Future. Accesado el 5 de abril de 2026: http://www.un-documents.net/our-common-future.pdf
[2] Naciones Unidas. Transforming our world: the 2030 Agenda for Sustainable Development, 2015; United Nations, “The 17 Goals,” Accesado el 5 de abril de 2026: https://sdgs.un.org/goals.
[3] PNUD: Los ODS en Acción. Accesado el 5 de abril: https://www.undp.org/es/sustainable-development-goals
[4] United Nations Global Compact, The SDGs Explained for Business; Dazzle Platform, “What are the UN Sustainable Development Goals?”; Schneider Electric, “6 Ways Business Can Align with Sustainable Development Goals.”
[5] Andreu Pinillos, Alberto; García Tejerina, Isabel. Historia y Génesis de la Sostenibilidad. Accesado el 5 de abril de 2026: https://www.unav.edu/documents/70001978/0/HistoriayGenesisSostenibilidad_2025.pdf?utm_
[6] García Velazquez, Arturo. Sostenibilidad Corporativa y Competitividad: Un Análisis Crítico y Estratégico. Accesado el 5 de abril de 2026: file:///Users/melissavaldez/Downloads/28-Sostenibilidad+Corporativa+y+Competitividad+Un+An%C3%A1lisis+Cr%C3%ADtico+y+Estrat%C3%A9gico.pdf
[7] United Nations Industrial Development Organization (UNIDO). The Evolution of Corporate Sustainability. Infografía. Vienna: UNIDO. Accesado el 5 de abril de 2026: https://www.unido.org
[8] Id.
[9] Id.
[10] Coscione, Marco. Sostenibilidad Corporativa en la República Dominicana 2025. Accesado el 5 de abril de 2026: https://funglode.org/wp-content/uploads/2026/02/260211-Sostenibilidad-Corporativa-en-la-RepublicaDominicana-2025.pdf
[11] Id.
[12] Elkington, John. Cannibals with Forks: The Triple Bottom Line of 21st Century Business. Oxford: Capstone Publishing, 1997.
[13] United Nations Principles for Responsible Investment (PRI), What Is Responsible Investment?, Accesado el 5 de abril de 2026: https://www.unpri.org; CFA Institute, Environmental, Social, and Governance (ESG) Integration in Investment Management: An Introduction (2015).
[14] PwC: ESG (Environmental, Social, Governance). Accesado el 5 de abril de 2026: https://www.pwc.com/im/en/issues/esg--environmental--social--governance-.html?utm_
[15] ESG Explained. Accesado el 5 de abril de 2026: https://www.deloitte.com/ce/en/services/consulting/perspectives/esg-explained-1-what-is-esg.html?utm_
[16] World Economic Forum, Measuring Stakeholder Capitalism: Towards Common Metrics and Consistent Reporting of Sustainable Value Creation (2020).
[17] Bonetti, Ligia. Responsabilidad Social, Sostenibilidad y ESG: La Nueva Arquitectura del Valor Empresarial. Accesado el 5 de abril de 2026: https://ligiabonetti.com/f/responsabilidad-social-sostenibilidad-y-esg-valor-empresarial
[18] Id. at Coscione, Marco.
[19] Christensen, Hans B., Luzi Hail, y Christian Leuz. Mandatory ESG Disclosure Around the World. Chicago: University of Chicago, Becker Friedman Institute for Economics, 2021.
[20] Id.
[21] Id.
